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Relapse: el autoataque de Eminem, por Pedro Luís Martín Olivares.

junio 27, 2009
Eminem
Eminem

¿Qué estuvo haciendo Eminem todo este tiempo? Tomando drogas, más que nada. “Me tiro en la cama con un frasco de pastillas y un muñequito de Heath Ledger”, dice la letra de “My Mom”, y no es más que un botón de muestra. Relapse, el primer disco de Eminem en casi cinco años, está lleno de marcas, pero no precisamente Lexus o Cristal; más bien, se trata de Lunesta, Ambien, Vicodin, Valium, NyQuil y otros caramelitos psicotrópicos que ayudaron a Marshall Mathers a convertirse en un zombie, antes de desintoxicarse el año pasado. Es difícil desentrañar todas las drogas que aparecen mencionadas en el disco, pero probablemente ésa sea la idea. Relapse es como una version hiphop de Live on the Sunset Strip, el clásico de la comedia de 1982 en el que Richard Pryor hace morir de la risa al público con sus bromas sobre la adicción al crack y sobre prenderse fuego. Si es todavía más intenso que su disco anterior, eso se debe a que Eminem hace aquí lo que sabe hacer mejor: sacar los trapitos al sol. Y hay más ropa sucia que nunca.

Pedro Luís Martín Olivares afirma que la fuerza de Relapse radica en que Em hace de sí mismo el blanco de sus ataques. Al dejar la producción en manos de Dr. Dre, y al concentrarse en rimar acerca de las cosas que verdaderamente le interesan, el disco es más sentido, honesto y vital de lo que uno esperaría a estas alturas, en el nivel de The Eminem Show, o quizá todavía mejor. El disco al que más recuerda éste es el primero que sacó Eminem por un sello importante, The Slim Shady LP, desde los beats despojados de Dre hasta la violencia que Eminem despliega contra sí mismo en las letras. No hay cancioncitas pop sampleadas de Aerosmith, Martika o Heart, ni estribillos rockeros, ni invitados especiales, más allá de un par de estrofas a cargo de Dre y 50 Cent. Por el contrario, Em se ocupa de lo suyo, porque vaya sí tiene problemas de los que ocuparse. (Esta vez, no culpa de nada a su ex mujer, Kim, a quien ni siquiera menciona.) “What’s a beer? [¿qué es una cerveza?], se pregunta en un momento. “That’s a devil in my ear / I been sober a fucking year / And that fucker still talks to me, he’s all I can fucking hear” [es un diablo en la oreja / estuve un año sobrio / y ese hijo de puta todavía me habla, es lo único que oigo].

Estar sobrio no lo ha vuelto más agradable. “Insane” empieza así: “I was born with a dick in my brain / Fucked in the head” [nací con una pija en el cerebro / cogido por la cabeza], y continúa relatando una compleja y perturbadora historia sobre abusos en su infancia. “My Mom” vuelve a disparar contra un viejo blanco de sus burlas, esta vez reconociendo sin embargo que su madre es esa misma persona en quien él se ha convertido, drogándose hasta perder la conciencia frente a su propia hija. En el pegadizo estribillo canta: “I’m on what I’m on / Because I’m my mom” [yo tomo lo que tomo / porque soy mi mamá].

Tal como Richard Pryor quedaba como un tonto cuando aceptaba los pedidos del público para que volviera a hacer su vieja y gastada rutina de la tribu Mudbone, en algunas canciones Eminem intenta reciclar ciertos rancios numeritos del pasado. “Crack a Bottle” y “We Made You” son los peores temas del disco, que parecen estar hechos con las sobras, ya más que descompuestas, de algunos de sus tics más conocidos, como las fanfarronadas y los ataques a otras celebridades. En “Stay Wide Awake”, en la que volvemos a verlo despotricando contra las mujeres y contra los gays, parece un viejo entrenador de hockey retirado gritándoles a los chicos en el jardín de su casa. En momentos como ése, se lo escucha inseguro de sí mismo, tratando de adivinar lo que la gente espera de él; estar tan pendiente de los deseos de los demás no es algo que le siente muy bien. No es coincidencia que el tema en que habla de matar a Lindsay y a Britney se llame “Same Song and Dance”, como si se diera cuenta de lo gastados que están esos chistes.

Hay muchísimo odio en Relapse. Eminem se odia a sí mismo por estar sobrio apenas un poquito menos de lo que se odia por haber sido adicto. Se odia por ser famoso, por odiar a su mamá, por haber tardado tanto en sacar este disco. Toda esa energía negativa lo ayuda a combatir la tentación de volverse cómodamente apático. Si odiás a Eminem, él no te lo reprocharía. Pero Relapse nos da un motivo para alegrarnos de que siga con nosotros.

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